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por su Alter Ego

Y ahí se fué mi vesícula

El sábado pasado más o menos a esta hora el dolor de espalda era insoportable, sentía un dolor de espalda incontrolable que ni siquiera me dejaba estar boca abajo en la cama. Tomé una pastilla de Coltrax de 4mg, el único relajante muscular que tenía cerca y me dispuse a esperar que calmara de alguna forma.

Brincaba, caminaba, hacía cualquier cosa con tal de que el dolor cesara al menos un poco — que de hecho lo hacía —, no era la primera vez que me pasaba pero sí esperaba que fuese la última. Le pedí a mi hermana que me untara un poco de Cool-a-Ped en la espalda esperando que el milagro de días atrás sucediese, que el dolor parara.

Esta vez sentía, como algunos días atrás, una bolsa un poco más abajo de la última costilla derecha, parecían gases pero nada que salían; si no fuese porque se interponía entre la cama y yo no me molestaría. A eso de las 10pm, luego de la insistencia de mi esposa, decidí irme al Centro Clínico San Cristóbal donde al apenas ingresarme el médico residente me repitió lo que mi papá había dicho algunos días antes: ¿No será la vesícula?. Mi papá y mi mamá fueron operados de la vesícula y la sintomatología era parecida a la que mi papá había sufrido. Sin embargo, siempre lo relacionaba más con malas posiciones al dormir que con cualquier comida; realmente se me formaba una bola en la espalda que no dejaba creer que fuese la vesícula que está en la parte frontal del cuerpo.

Luego de unas placas de tórax y abdómen los residentes de emergencia me confirmaron que era la vesícula, sin embargo aún así tendría que esperar hasta la mañana siguiente a las 10am para que un eco de abdómen confirmara que era la vesícula y no los riñones, como efectivamente fue.

Afortunadamente el dolor ya no me aquejaba en ese momento y pude soportar todo el día hasta que había un quirófano disponible a las 5pm, una mujer jóven había muerto por un aneurisma cerebral y le estaban removiendo los riñones que había donado en casi de que algo así sucediese así que tuve que esperar desde las 4pm sentado en aquella delgada cama del frío quirófano.

Tres cuartos de hora de conversación con el técnico del quirófano bastó para hacer pasar ese tiempo rápido hasta que llegó la conversación final, esa que siempre se queda a medias cuando te van a operar: la conversación con el anestesiólogo. En este caso fue una doctora y nuestra conversación terminó justo cuando empezaba a decirle donde estudiaba.

7pm y me despierto, me aqueja un dolor increíble en la parte derecha del abdómen, miro a la derecha donde guindaban los analgésicos que van a la intravenosa y veo que ninguno está pasando. Mi reacción, sabiendo que no puedo hablar luego de haber sido sometido a una operación de éstas es golpear fuertemente las barandas de la camilla. Una enfermera se acerca y me pregunta si me duele mucho, yo le apunto con el dedo índice de mi mano derecha los analgésicos y ella los ajusta para que funcionen.

Luego de eso la historia debe ser conocida para todos: aquejumbramientos incansables al intentar acostarme o levantarme de la cama, dieta estricta en la que casi todo lo que puedo comer es apenas sólido y sobretodo sin grasa alguna por más o menos 6 o 9 meses, movimientos tipo robot y mucha paciencia.

Al menos puedo sentarme frente a la portátil y medio hacer algo. Apenas agradezco que esto haya sucedido en estas fechas y un mes atrás cuando estaba en plenos finales.

Yo estaba seguro que ese dolor en la espalda no iba a volver, pero no que iba a significar otro dolor durante varias semanas de manera consecutiva. Pero bueno, es mejor que nada.

Ahora a recuperarme y seguir en lo mío.

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